Padres Ingenuos y Perifericos


Terapeuta Familiar
Dr. Octavio Féliz Vidal y Familia

El calor familiar era intenso. La niña Rosaura con ocho años, era dichosa de tener cuatro tíos y tres tías. Vivían en la inmensa casa rural de madera de los abuelos. Habían varios anexos donde varios tíos y tías tenían hijos. Sólo tres de sus tíos vivían lejos en otro lugar. La graciosa niña junto a su madre vivían en una familia extensa con primos y tíos por doquier. La gentil abuela y el recto abuelo procuraban mostrar una familia perfecta a base de secretos y de miradas al otro lado del camino. 

El tío Alfonso tenía dos hijas. Era muy cariñoso y decía querer a Rosaura como a su hija. Entre tantos primos y bullicio el perverso tío abusaba de su sobrina. Después de dos años de abuso y con la amenaza de que si hablaba mataría a su madre la valiente niña se lo dijo a la abuela. Nadie le creyó. El abuso continuó hasta que se embarazó al cumplir catorce años.

En las edades tiernas los niños pueden tener padres llenos de confianza y crédulos, repletos de ingenuidad. No protegen a sus hijos y los exponen a peligros y otros padres son perifericos. Descuidan a sus hijos por el trabajo, les dejan sólos y no los supervisan. Otros padres al separarse de la madre abandonan a sus hijos e hijas. A veces suplen económicamente; pero olvidan su rol de proteger a sus hijos en las edades vulnerables.

Al llegar a la adolescencia nuestros hijos necesitan conexión con sus padres y socialización con sus amigos y amigas. Es un periodo crítico propicio a la manipulación. Pueden ser manipulados en su identidad sexual. Pueden conocer las drogas y pueden presentar trastornos alimentarios como anorexia nerviosa y tener baja autoestima. Vienen los noviazgos y los riesgos de embarazarse. Los padres y madres no podemos ser ni ingenuos, ni periféricos. Debemos conectar con nuestros hijos y supervisarlos.

Nuevos retos y peligros acechan a nuestros hijos. Las redes y la promoción de estilos de vida no conocidos en el ambiente familiar, requieren que tengamos supervisión y buena comunicación con niños y adolescentes. Que no se sientan abandonados por sus padres y que a la hora del peligro, podamos defenderlos hasta que puedan hacerlo por ellos mismos
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