Ciego recupera visión durante culto en iglesia adventista en Brasil

Después de sufrir el tercer accidente cerebrovascular (AVC), en junio del año pasado, la vida de Cícero Juvéncio Vieira, de 53 años, no fue más la misma. El derrame afectó su visión, y pasó a vivir en la oscuridad. Las tareas que antes hacía con facilidad se tornaron desafiantes. “Yo no conseguía realizar ninguna actividad solo. Necesitaba ayuda continua para tomar un baño”, cuenta Cicerón.

En la ocasión del accidente, Cícero quedó internado en el hospital durante seis días. Su hermana, entonces, contrató a una mujer para cuidar de su salud. El mismo día en que Léia empezó a trabajar, Cicerón fue dado de alta. “Ella continuó cuidando de mí en casa. Con el paso del tiempo, nos conocimos mejor, empezamos a gustarnos y decidimos vivir en la misma casa. Estamos juntos hace cinco meses”, añade Cícero, que se divorció hace tres años y es padre de tres hijos adultos.
En la tarde del sábado 2 de marzo, los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día del Jardín Olga, en la ciudad de Francisco Morato, San Pablo, se dividieron en parejas misioneras para entregar folletos con mensajes de esperanza en el barrio. Uno de ellos fue Robeilton Concepción. “Salí con mi esposa Cilene, mi hija Joyce y el hermano Edmilson, director del trabajo misionero. Fuimos entregando los folletos hasta que vi al Cicerón sentado en la escalera de su casa, cabizbajo “, describe.
Robeilton narra que sintió en su corazón el deseo de hablar con Cicerón. “Me presenté y le pregunté si necesitaba ayuda. Fue entonces cuando me contó su historia, que estaba pasando por un momento difícil y necesitaba ayuda. Él también me contó que aquel día había hablado a la esposa que iba a orar para que Dios enviara a un ángel para ayudarlos con alimento”, añade.
De acuerdo con Cicerón, fue en aquel momento que sintió a Dios responder su oración. Robeilton era el ángel que Dios había enviado para ayudarle. Y fue exactamente lo que pasó. Después de ser invitado a visitar la Iglesia Adventista, Cícero fue atendido por la Acción Solidaria Adventista (ASA) de la iglesia y recibió una canasta básica. Además, otra necesidad suya fue atendida: la espiritual. Robeilton le ofreció un estudio bíblico y Cícero rápidamente aceptó. Con eso, pasó a frecuentar la iglesia.
Cícero también fue invitado a participar en la Semana Santa en la Iglesia Adventista del Jardín Olga. Él asistió a los cultos todos los días, siempre acompañado de Lea. Todo el recorrido se hacía con el apoyo de un bastón.
Noche tras noche, Cicerón escuchó los episodios de la serie “Renacidos- Nuevo Corazón“, producida por la Iglesia Adventista para la ocasión de la semana especial. Como no podía ver, Lea le describía los detalles de las escenas.
“El viernes llegué a la iglesia hablando a mi esposa que deseaba ver su rostro. A la hora de la predicación, empecé a ver el rostro del hermano que estaba predicando“, se emociona Cicerón. Después de la exhibición de la serie Renacidos, un conquistador fue adelante para predicar. Él usaba el uniforme de gala en el momento. “Comencé a ver el pañuelo de él, empecé a estar emocionado! Miré hacia atrás y vi el rostro de los hermanos.
Cícero alega que toda la iglesia se emocionó. En aquel día, al volver a casa, no pudo dormir. “Me quedé llamado a todo el mundo de mi familia para contarles lo que había sucedido”, conmemora.
Para Robeilton, el milagro trajo conmoción. “Fue uno de los momentos más emocionantes que presencié en esos 14 años de conversión. Fue nítido el milagro de Dios operado en la vida de aquel hombre. La iglesia entera lloró junto con él de emoción y alegría al ver su felicidad ante aquel milagro “, subraya.
En aquel día, Cicerón salió de la iglesia sin el bastón y con un 100% de visión.

Planes

Cícero planea finalizar los estudios bíblicos y ya se prepara para el bautismo, junto con Lea. “No estamos casados ​​oficialmente todavía, pero Dios está preparado todas las cosas”, asegura.
Desde que recuperó la visión, Cícero pasó a hacer solo las tareas que antes sólo realizaba con la ayuda de otras personas. “Estoy consiguiendo cocinar, hago mis ejercicios y pretendo, si Dios quiere, terminar mi casa”, dice.
Agradecido con los miembros de la iglesia que lo acogió, Cícero cuenta que logra ver el amor genuino de Jesucristo en las miradas, sonrisas y acciones de los fieles. “Nada es imposible para Dios. “Soy un milagro vivo de que Dios tiene el poder de hacer grandes obras”, finaliza.
Fuente: Advenistas.org
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